"EL DESPERTAR DE MIRIAM"

"EL DESPERTAR DE MIRIAM"
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miércoles, 22 de abril de 2009

JORNADA TALLER GÉNERO Y DISCAPACIDAD - DISCAPACIDAD Y GÉNERO - UNA CUESTIÓN DE DERECHOS. SALÓN AZUL DEL PALACIO DEL CONGRESO NACIONAL.

NOVIEMBRE 2007. RESÚMEN DE LA DISERTACIÓN DE S. M. VALORI

El CNM es el Organismo del Estado Nacional que se encarga de velar por el cumplimiento de los Tratados Internacionales de DDHH que defienden los DD HH de las mujeres, tales como la Convención de Belém Do Pará y la Convención para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW). Es un Organismo técnico, asesor y consultor que integra el Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales de la Presidencia de la Nación, cuya Presidenta es la Dra Alicia Kircher.

Las mujeres tenemos, por lo general, un gran desconocimiento de nuestros derechos y de la legislación que nos ampara, así como también adolecemos de un déficit de ciudadanía, y esto ocurre tanto con las mujeres que tenemos discapacidad como con la que no la tienen. No es una cuestión de discapacidad, es una cuestión que no hemos sido educadas en un paradigma de Derechos.
No se puede defender lo que no se conoce y, si no conocemos nuestros derechos nada vamos a hacer para que se cumplan.
Cuando comencé a trabajar en el Consejo Nacional de la Mujer –hace casi cuatro años—me dirigí a una de las mujeres expertas en género y le dije si me podía explicar, qué es la Perspectiva de género.
Ustedes, las y los presentes, saben qué es la Perspectiva de género? Acá seguramente hay algunas de las personas presentes que sí lo saben y otras que no.
La perspectiva de género es una herramienta de análisis que nos permite comprender, analizar, desentrañar, las relaciones asimétricas de poder que se establecen entre mujeres y varones en la sociedad, en las cuales, generalmente, no siempre, pero sí generalmente, las mujeres se ubican en un nivel de inferioridad, de desigualdad en perjuicio de ellas mismas, en inferioridad de condiciones; son relaciones asimétricas de poder en las que los varones adoptan una posición dominante y las mujeres quedan en situación de subordinación, donde existe, también, una valoración negativa de las prácticas y proyectos femeninos. Estas mismas relaciones asimétricas, inequitativas, desiguales, desvalorizadoras se establecen entre personas que no tienen discapacidad y entre las que sí la tienen.
O sea, cuando nosotras comenzamos a hablar a estas mujeres expertas en género sobre lo que le sucedía a las personas con discapacidad en nuestra sociedad, ellas captaron muy rápidamente lo que estábamos planteándoles. Por que con Género = relaciones desiguales, sucede lo mismo que con Discapacidad = relaciones desiguales. Es decir, las personas son colocadas aún hoy, en nuestro imaginario y son tratadas según niveles jerárquicos, según sean mujeres o varones, según tengan o no tengan discapacidad.
Tiempo después estudié Género, (hice un Curso de dos meses en la Universidad de Costa Rica vía Internet, Crítica Epistemológica Feminista) y terminé de comprender por qué estas relaciones inequitativas conducen a la invisibilización del trabajo y del aporte de las mujeres a la sociedad; cómo esta invisibilización hace que este trabajo no sea valorado o que sea subvalorado, hasta por las mismas mujeres, con la consiguiente dependencia femenina que se establece. Al ser el varón el sujeto proveedor por cultura es él quién tiene los derechos y se permite ciertas libertades, mientras que la mujer sólo tiene, en gran medida, obligaciones que cumplir y al encontrarse en una situación de dependencia económica se ve sometida o soporta humillaciones en su accionar, en su vida cotidiana, y, muchas veces, también violencia física, psicológica y/ o sexual. Esto trae como resultado, también, una feminización de la pobreza. Las mujeres somos las más pobres y las mujeres con discapacidad, las más pobres entre las pobres porque nuestro trabajo no está remunerado y nosotras mismas no lo valoramos.
Estas relaciones jerárquicas no afectan sólo a las mujeres, eso es lo que los varones tienen que darse cuenta y ayudarnos a cambiar esta injusta situación.
Si la mujer trabaja afuera, se crean más puestos de trabajo relacionados con guarderías, se compra comida preparada o se sale a comer afuera, se utilizan más servicios y se puede acceder a un nivel de vida superior para ambos, sean mujeres o varones y además, el varón deja de tener que cumplir con el rol de proveedor, abandona esa pesada carga que la sociedad le ha impuesto, rol que cuando el varón no puede cumplir es fruto de desaveniencias en las familias, de reproches, de violencia y que lo convierte, casi instantáneamente, en un “mantenido” en un “vago” cuando muchas veces, ese hombre, no encuentra trabajo por que realmente donde lo busca no hay…
Estos patrones, paradigmas o modelos que tenemos acerca de lo que es ser varón, de lo que es ser mujer, de lo que debe hacer el varón, de lo que debe hacer una mujer nos han sido asignados por la cultura mediante la sociabilización a la que somos sometidos-as desde que nacemos.
Los estereotipos de género son enseñados o inculcados por las familias, las escuelas, las iglesias, los medios de comunicación y circulan en el imaginario social determinando comportamientos, actividades, actitudes, etc. y estableciendo la división sexual del trabajo.
Si transversalizamos el género con la discapacidad notamos que estas desigualdades se potencian y convierten a las mujeres con discapacidad en seres invisibles, con pocas o nulas posibilidades de crecimiento y de acceso a una vida digna y completa.

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